“Mamá, ¿estás segura de que te sientes bien? Puedo quedarme más tiempo si me necesitas”, discuto con mi madre, pero ella sacude la cabeza y me hace un gesto para que me fuera.
“No, cariño, ya me siento bien, de verdad. Te has desgastado cuidando de mí y trabajando esta semana. Vete a casa con tu esposo”, ella me dice mientras la tapo con la manta para que se mantenga caliente.
“Pero Mamá…”.
“Shayla, ya estoy bien. Además, también tengo a Sammy para que me cuide. Vete a casa”. Miro a Sam, quie