“¿Puedo?”, le pregunto, y ella duda un momento, pero asiente. Sonrío y le acaricio la mandíbula con los dedos antes de envolverlos en su cuello y atraerla para darle un beso lento y sensual mientras seguíamos bailando. Shayla levanta la mano y me acaricia la mandíbula mientras me devuelve el beso, y juro por todo lo sagrado que su contacto me produce descargas eléctricas. Es la primera vez que ella me toca por su cuenta desde Las Vegas, sin que yo la presione, y la sensación es increíble.
Nos a