Presiono mi frente contra la suya y sonrío. “Qué puedo decir, estoy lleno de sorpresas”, le respondo, usando sus propias palabras con ella y ella sonríe, sacudiendo la cabeza. Para mi desgracia, la canción llega a su fin y la multitud se dispersa. Shayla se aparta, pasándose los dedos por el cabello y me mira.
“Entonces, tenemos una última cosa que hacer y luego podemos irnos”, ella dice mientras la sigo y se abre paso entre la multitud. Caminamos hacia el otro carrito, y suelto un quejido. Sin