Me encojo de hombros y levanto el pulgar y el dedo índice. “Quizás un poco”.
Él se ríe. “Entonces, sí, te extraño”. Sonrío, y él estira la mano y me toca suavemente el costado con el dedo. Cuando no le aparto la mano de un manotazo como está acostumbrado, dejándose caer la mano a su lado, con el ceño un poco fruncido. Él suspira un momento después y se pasa los dedos por el cabello. “Estoy muy agotado, y tú siempre eres muy buena distrayéndome, así que pensé que podríamos hacer algo”.
Frunzo e