Capítulo 26.
Después de unas confesiones de amor que resultaron ser tan emotivas, estando uno en los brazos del otro, William y yo ya nos contenemos, acercándonos para besarnos de forma apasionada.
Intentando no despertar a los niños, ya que ellos tienen un sueño extremadamente frágil, él y yo entramos en su habitación sin romper el beso apasionado que nos damos, William cierra la puerta con una de sus manos, y luego los dos caemos en su lujosa y suave cama de dos plazas en el centro del cuarto.
—Vaya señor