Giovanni quedó en silencio al otro lado, pero antes de que pudiera responder, Marco cortó la llamada. El salón quedó sumido en un silencio pesado, roto solo por los sollozos ahogados de Elena. La mirada de Marco se suavizó momentáneamente, o al menos, eso quiso aparentar, mientras ella trataba de recomponerse.
—Lamento que tuvieras que oírlo así, Elena —dijo Marco, con un tono de falsa compasión—, pero creo que era necesario. Ahora ya ves cómo son las cosas. Giovanni nunca pensó en ti; a él sol