Elena yacía en la cama, con el cuerpo cubierto por una fina manta que apenas le daba calor. No comía bien desde hacía días, y aunque la sirvienta le llevaba la comida tres veces al día, ella rechazaba cada plato sin siquiera mirarlo.
Al principio fue una muestra de resistencia, un acto de rebeldía contra Giovanni, quien la había sumido en un mundo de soledad y control. Pero ahora, esa aparente rebelión estaba comenzando a afectarla de una forma que nunca previó. El hambre y la debilidad se est