En la empresa Montalvo, se encontraba Marcelo en su oficina con su abogado, quien le detallaba la situación en voz firme, pero cautelosa. Las persianas medio cerradas dejaban entrar una luz tenue, reflejando el aire de inquietud que comenzaba a asentarse en el despacho.
—Señor, la situación es delicada. Ahora que su hija está casada, entra en efecto una cláusula del testamento que usted no consideró cuando ella se casó —explicó el abogado, sin perder la compostura, aunque evidentemente incómodo