Se encontraba agotada, débil y con un sueño abrumador; aun así, estaba considerando seriamente las palabras de Marco.
¿Aceptará?
—No tengo fuerzas para mantenerme de pié, mis piernas están débiles—le dijo, aunque eso podría sonar cómo una excusa, era muy cierto.
—Eso ya lo tengo resuelto.
Marco se dio la vuelta y volvió a abrir la puerta de la habitación. Tuvo una breve conversación con el hombre que estaba fuera vigilando y, tras cerrarla nuevamente, se acercó a Elena.
A pesar de su cansancio,