Elena intentaba articular alguna excusa mientras Giovanni la arrastraba de regreso hacia la mansión, sus palabras se le trababan en la garganta, incapaz de formar una frase coherente. El miedo la asfixiaba, y con cada paso que daban hacia su prisión, la certeza de su fracaso se hundía más profundo.
—Yo… solo necesitaba un respiro… —logró balbucear finalmente, su voz rota por el pánico—. Solo… quería salir por un momento.
Giovanni no se detuvo, ni siquiera aflojó su agarre. Su mirada intensa la