Esa noche, en la oscuridad de su habitación, mientras la casa dormía, Elena ya había decidido. No podía quedarse más tiempo. Tenía que irse. Si seguía en esa mansión, terminaría mal o tal vez muerta. Era ahora o nunca.
Se levantó de la cama, el corazón latiendo con fuerza. Sabía que la mansión estaba vigilada. Giovanni no la dejaba sin protección, y no sería fácil moverse sin ser vista. Pero también ya conocía el lugar casi a la perfección.
El tiempo que llevaba ahí viviendo aprendió a memoriz