El hombre, con las manos temblorosas y la mirada cargada de temor, observaba a Giovanni con nerviosismo. Había llegado con la mala noticia de que el prisionero que retenían contra su voluntad había muerto.
—¡¿Cómo demonios se murió antes de tiempo?! —rugió Giovanni, furioso, golpeando con el puño cerrado la superficie del escritorio. Su mandíbula estaba rígida, y sus ojos ardían con una mezcla de rabia y frustración.
Otro de sus hombres, con el rostro serio y un aire de preocupación, se atrevió