Valentina no respondió.
Se quedó en silencio contra el pecho de Dante, el bebé moviéndose despacio entre los dos, y él no insistió. La abrazó un rato más sin decir nada, y en algún momento los dos se quedaron dormidos así, en el sillón, sin haber cerrado lo que había quedado abierto.
A la mañana siguiente había una reunión convocada en el cuartel.
La sala ya estaba llena cuando entraron. Marcos había convocado a los hombres de mayor rango para tratar la expansión hacia el sur, un territorio que