Vuelve a mí
Amelia intentó zafarse del agarre de Alessandro con un movimiento brusco de hombros, pero él reaccionó con una rapidez felina, pegándose aún más a su espalda. Sus dedos se hundieron con firmeza en la suavidad de su cintura, marcando territorio a través de la fina seda del vestido negro, mientras él inclinaba la cabeza para hundir su nariz en el hueco de su cuello. Inhaló profundamente, llenando sus pulmones con ese perfume de arándanos y flores silvestres que tanto lo volvía loco. Ahora, con la