Alessandro sostuvo a Amelia entre sus brazos con una firmeza protectora mientras bajaba del auto, asegurándose de que cada uno de sus movimientos fuera lo más suave posible. Amelia rodeó su cuello con las manos, ocultando su rostro en el hueco de su hombro mientras sentía el corazón latiéndole con una fuerza incontrolable; no era solo la emoción de estar de regreso, sino una vibración caliente y persistente en su vientre que le recordaba a cada segundo la vida que crecía en su interior. Habían