La mañana después de la celebración
Valerio dejó las llaves sobre la mesa del living con un golpe seco que resonó en el silencio de la mansión y luego se quitó el saco del traje, lanzándolo sobre un sillón. Había decidido que lo mejor para él en ese momento era ir a casa de su madre. Necesitaba saber cómo había terminado realmente la reunión en la empresa, si Amelia había logrado mantener su postura y si Alessandro había cometido alguna otra estupidez. Pero, sobre todo, necesitaba desayunar co