Alessandro entró a la propiedad como un torbellino, con la adrenalina quemándole las venas y el corazón latiéndole con una fuerza ensordecedora. Sin embargo, su carrera se detuvo en seco al llegar al vestíbulo principal. Justo en el primer descanso de las escaleras que conducían a los niveles inferiores, se topó de frente con Vittorio, quien empujaba la silla de ruedas de Isabella, y con Beatrice, que caminaba apresurada a su lado. Los tres estaban a punto de huir.
Al verlos, Alessandro apretó