—¡Voy a ser papá! ¡Carajo, voy a ser papá de mellizos! —gritó Alessandro con todas sus fuerzas, empujando las pesadas puertas dobles de la entrada y entrando como un torbellino a la mansión.
El eco de su voz potente y cargada de una euforia desmedida resonó por todo el gran vestíbulo, quebrando el silencio de la tarde. Tenía las facciones completamente iluminadas, los ojos abiertos de par en par por la adrenalina y una sonrisa gigante que parecía no caberle en el rostro.
Al escuchar el grito, V