La sede principal de la empresa De Luca, un rascacielos de cristal que dominaba el horizonte financiero de Milán, estaba decorada para la ocasión con una opulencia que rozaba lo excesivo. El gran salón de eventos había sido transformado en un palacio moderno donde el minimalismo y el lujo se daban la mano. Columnas de mármol blanco estaban flanqueadas por arreglos florales de orquídeas y lirios exóticos, mientras que del techo colgaban lámparas de cristal que proyectaban una luz cálida y fragme