Amelia aceptó la mano de su suegra, sintiendo una corriente de energía que no había experimentado en años. Bajo la dirección de Alessandra. No hubo tiempo para dudas ni para lamentos. Alessandra la arrastró fuera de la cama y la condujo a un spa privado de alto nivel en el centro de la ciudad, un lugar donde la discreción era el único mandamiento y donde el lujo se respiraba en cada rincón. Amelia se dejó llevar, sumergida en una especie de trance mientras manos expertas comenzaban a trabajar e