La tela del vestido blanco se adhería perfectamente al cuerpo de Amelia. El diseño, confeccionado en un encaje delicado y una seda suave que caía con elegancia, abrazaba cada una de sus curvas con una precisión milimétrica, realzando su figura de una manera angelical. Sus ojos marrones brillaban con una intensidad desbordante, reflejando una mezcla de nerviosismo y una felicidad pura que no podía ocultar, mientras que su cabello castaño caía en ondas perfectas sobre sus hombros, adornado apenas