CAPÍTULO — El regreso del depredador
Mauro llegó al hospital con la seguridad de los hombres que nunca aceptaron un “no” como respuesta.
Llegó con un traje oscuro. Perfume caro. Ojeras ensayadas. Una cara de arrepentimiento que había practicado tanto que ya parecía real.
En la recepción del hospital dijo su nombre con calma, como si todavía tuviera derecho.
—Soy Mauro Suárez, el esposo de la paciente Carolina Fontes.
La enfermera dudó. Lo miró de arriba abajo.
—¿Está autorizado? La señora