CAPÍTULO — El regreso del depredador
Mauro llegó al hospital con la seguridad de los hombres que nunca aceptaron un “no” como respuesta.
Llegó con un traje oscuro. Perfume caro. Ojeras ensayadas. Una cara de arrepentimiento que había practicado tanto que ya parecía real.
En la recepción del hospital dijo su nombre con calma, como si todavía tuviera derecho.
—Soy Mauro Suárez, el esposo de la paciente Carolina Fontes.
La enfermera dudó. Lo miró de arriba abajo.
—¿Está autorizado? La señora Carolina Fontes nunca lo nombró a usted. Al parecer no tiene permiso para estar en este lugar, señor.
Mauro soltó una risa corta, como si fuera ridículo preguntarlo.
—¿Autorizado? Soy su marido, querida.
En su cabeza, el plan era perfecto: Carolina vulnerable, recién operada, emocionalmente destruida… y él apareciendo como el esposo que sería su refugio. Un clásico. Una escena de manual. No podía fallar.
Porque Mauro nunca había aprendido a amar, solo a ocupar espacios ajenos cuando olía deb