CAPÍTULO 18 — EL PESO DEL APELLIDO
(Punto de vista de Carolina)
El mensaje del directorio seguía ahí, iluminando la pantalla como una advertencia que parecía crecer cuanto más la miraba. Tenía la bandeja llena de notificaciones, pero había una que no dejaba de repetirse con insistencia, enviada al grupo completo de directores, una de esas que se quedan vibrando en el pecho mucho después de que el teléfono deja de hacerlo. Lo abrí de nuevo, aunque no fuera necesario, porque ya lo había leído