CAPÍTULO — GABRIEL Y EL MIEDO DE SU SECRETO
(Punto de vista de Gabriel)
El amanecer llegó despacio, como si el día se hubiera propuesto no despertarla de golpe, deslizándose en una claridad tenue que acariciaba las paredes antes de tocar su rostro. Carolina dormía a mi lado, todavía con ese gesto tenso, casi doloroso, de quien no descansa del todo ni siquiera en sueños. Yo, en cambio, había pasado casi toda la noche despierto, mirando el techo, sintiendo en el centro del pecho un peso oscuro, antiguo, que parecía crecer cada vez que ella respiraba profundo y confiada.
Mi apellido.
Ese maldito apellido.
Esa sombra que cargaba desde antes de saber lo que significaba amar a alguien de verdad.
Era una mentira silenciosa, un secreto que envolvía cada gesto mío, cada caricia contenida, cada palabra que no me animé a pronunciar. Y mientras la miraba dormir, con esa fragilidad que me desarmaba entero, solo pensaba en cuán fácil sería perderla si descubría quién era yo realmente.
Porque