CAPÍTULO — GABRIEL Y EL MIEDO DE SU SECRETO
(Punto de vista de Gabriel)
El amanecer llegó despacio, como si el día se hubiera propuesto no despertarla de golpe, deslizándose en una claridad tenue que acariciaba las paredes antes de tocar su rostro. Carolina dormía a mi lado, todavía con ese gesto tenso, casi doloroso, de quien no descansa del todo ni siquiera en sueños. Yo, en cambio, había pasado casi toda la noche despierto, mirando el techo, sintiendo en el centro del pecho un peso oscuro,