CAPÍTULO 122 — El miedo también se hereda
Lourdes regresó huyendo de todo lo que acababa de escuchar.
No podía correr porque su embarazo de seis meses ya no se lo permitía, pero avanzó por el vestíbulo del hotel con pasos urgentes, sujetando la carpeta contra el pecho y evitando mirar a quienes se cruzaban en su camino.
Detenerse significaba aceptar que la resolución del juez no había sido lo que más le dolía.
Lo peor había sido ver a su padre sentado junto a Martín.
El hotel la recibió con