CAPÍTULO — La oportunidad que yo no tuve
La sala del juzgado volvió a llenarse cuando el juez regresó semanas después para dictar resolución.
El silencio que acompañó su entrada no fue solemne; fue denso. Era el tipo de quietud que nace cuando todos los presentes comprenden que nada saldrá intacto y que cualquier palabra puede modificar destinos que ya vienen demasiado heridos.
Lourdes mantenía la espalda recta. La serenidad que mostraba no era improvisada sino trabajada, pulida a lo largo d