—Él te dará libertad, porque te ama, estoy seguro de ello. —dijo Jimmy, al tiempo en que seguíamos caminando juntos, con su pequeño hijo corriendo delante.
Los títeres comenzaban a aparecer con nuevas pistas. El laberinto era frondoso, la vegetación daba un aire más fresco en el ambiente y por primera vez desde que llegué aquí, me sentí normal, como cuando estaba en casa.
—No lo sé. —contesté, volviendo a traer a mi mente a esa mujer de la llamada telefónica. No podía quitarme las imágenes y es