Fernanda terminó la cena en silencio, sintiendo el peso de la mirada de Matías sobre ella.
—¿Te gustó? —preguntó él, con voz tranquila.
Ella asintió sin mucho ánimo.
—Gracias —murmuró, apartando la vista.
Matías recogió los platos sin insistir, pero en lugar de volver a la mesa, se acercó a ella con una determinación inquietante.
—Es hora de darte un baño.
Fernanda negó de inmediato, alejándose un poco.
—No quiero.
—Lo siento, pero lo haré de todos modos —dijo él con una leve sonrisa—. Mi esposa