—¡Señor Savelli, este es un dilema familiar, no intervenga, se lo ruego! —exclamó Alonzo, su voz temblando de furia contenida.
Giancarlo avanzó con una calma que parecía burlarse de la tensión en el aire.
Sus pasos resonaban como un desafío.
—¿Familiar? —respondió con un tono gélido—. ¿Y qué tiene de familiar humillar a una mujer delante de una multitud? Si la señora Valenti afirma tener pruebas, ¿por qué no darles el beneficio de la duda? Una simple prueba de ADN podría dar paz… no solo a ella,