«Años atrás
Giancarlo estaba en aquel bar, sentado junto a un socio con una copa de whisky en la mano.
La conversación había terminado, y el hombre frente a él sonreía satisfecho.
—Bien, señor Savelli, ha sido un placer cerrar este trato con usted. Espero que esta sea la primera de muchas colaboraciones.
Giancarlo asintió con una sonrisa mínima.
Cuando el hombre se marchó, tomó un último sorbo, sintiendo el ardor familiar en su garganta.
Miró el reloj. Era tarde. Debería regresar a casa.
Fue