Andrea dio un paso al frente, alzando la barbilla con altivez mientras su mirada destilaba desprecio.
—¡Te vas a largar de la vida de mi hombre! —espetó con voz cortante—. Porque él será mi esposo, y tú solo eres una cazafortunas barata, una cualquiera que jamás ha logrado nada por sí misma.
Chasqueó los dedos frente al rostro de Beth con aire de superioridad, como si ni siquiera la considerara una persona digna de su tiempo.
Beth sintió cómo la ira le subía por la garganta, ahogándola. Apretó l