Los ojos de Roma se abrieron con rapidez, su corazón palpitaba frenéticamente en su pecho.
Los gritos, agudos y desgarradores, resonaban en sus oídos como si su mente estuviera atrapada entre la pesadilla y la realidad.
Se quedó inmóvil por un segundo, atrapada en la confusión, pero pronto supo que lo que estaba escuchando no era parte de su sueño. Era real.
El aire a su alrededor parecía cargarse de tensión, y, en ese preciso momento, el sonido de los gritos se intensificó. Algo terrible estaba