Cuando Fernanda llegó al hospital acompañada de Matías, el aire parecía pesado, cargado de expectativas y nervios.
Ella tenía un poco de miedo, siempre se ponía de nervios antes de un ultrasonido, pero finalmente había llegado el momento de escuchar como estaba su bebé.
La sala estaba impregnada de una calma tensa, mientras la doctora la invitaba a recostarse en la camilla para realizar el ultrasonido.
La pantalla, aún apagada, parecía prometer respuestas, pero el silencio envolvía el espacio co