Cuando Eugenia llegó a la comisaría, su corazón latía con furia e impaciencia.
Exigió ver a Kristal de inmediato.
No aceptaría negativas, no después de todo el daño que esa mujer había causado.
Los policías intercambiaron miradas incómodas antes de acceder a su petición.
Sin embargo, cuando uno de ellos fue a buscar a la prisionera, un grito desgarrador sacudió la tranquilidad del recinto.
El eco del horror se expandió como una ola helada.
Eugenia vio a los oficiales correr, y su instinto le gri