La gente gritó aterrada, el caos era absoluto.
Alonzo Wang yacía inmóvil en el suelo, rodeado de un charco de sangre que se expandía como un cruel testimonio de lo que acababa de suceder.
Los ojos de los presentes no podían creer lo que veían; horror, incredulidad, una mezcla de angustia se reflejaba en cada rostro.
Kristal, aun con la pistola en las manos, observaba la escena con una expresión vacía, como si no entendiera lo que acababa de ocurrir.
Su rostro palidecía, y una lágrima solitaria c