27. Déjate llevar
POV IRENE SAINT
—Ven, entremos —ordenó con esa voz grave que más que invitar, imponía.
La habitación era inmensa, cada detalle dispuesto con una perfección inquietante: la chimenea crepitaba en un rincón, la cama cubierta de pétalos de rosa; decenas de velas iluminaban la estancia con un resplandor místico; sobre la mesa, frutas frescas, chocolate, crema y una botella de vino aguardaban como cómplices de lo que vendría.
—Irene, mi hermosa Irene… —susurró tras de mí, rozando con la yema de