Catorce.

El día siguiente continuó de la misma manera: El temporal seguía; la lluvia lenta, sorda, pesada, espesa y la gente, refugiándose en sus mantos o paraguas, pasaban de prisa.

Allí, de pie en el marco de la ventana, Lucien miraba a la nada. El beso de un suave rocío de agua mansa humedeció su perfecta flor de lirio, era una flor más disfrutando el clima tempestuoso entre aquellas de que estaba rodeada.

— Hilbert ¿Por qué mi flor se está secando cuando le doy tantas atenciones? — Preguntó.

Hilbert
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