SU PEOR ERROR.
Se le acercó tanto que Maite se vio obligada a retroceder. Quería escapar de la proximidad de ese hombre; sin embargo, él le rodeó la cintura y la atrajo hacia su cuerpo. Pasando gruesa saliva y con la respiración detenida, solicitó:
—Suéltame. —Una media sonrisa se formó en las comisuras de él. Podía sentir el cuerpo de ella temblar, y no era por el miedo que él le causaba, sino por el descontrol que le provocaba con solo tocarla.
—¿Estás segura de que quieres que te suelte? —lamió los labios