Apenas llego a la mansión, el chillido preocupado de Natalia me recibe antes de que pueda dar dos pasos. Se abalanza sobre mí, escaneándome de arriba abajo. Por suerte, Evander dejó sus marcas pasionales en los lugares menos visibles de mi cuerpo, o de lo contrario estaría en serios problemas.
—¿Quieres matarme de la angustia? ¿Dónde estabas y por qué no respondías el teléfono? —dispara las preguntas una tras otra, sin darme tiempo a respirar.
—Señora, qué alivio que ya está aquí —Bob aparece d