— Creo que comenzaré a preparar la cena –le dijo Katya varias horas después, mientras abría el refrigerador eligiendo ingredientes, y su coleta rubia se balanceaba con gracia —. Nunca habia visto uno de estos cargados con tantas especias.
Caty, que seguía a Audrey, con la vista, arrugó el entrecejo. Le costaba entender por qué la mujer miraba el refrigerador como si fuese un aparato futurista y al contenido del mismo con abierta incredulidad. Al fin y al cabo, Rusua no estaba en el fin del m