—¿Te molestaría si paso unas horas en mi habitación? — la interrogó Sander esa tarde— me han surgido ideas para una nueva exposición.
Ella lo despidió con un movimiento de la mano.
—Claro que no; nosotros estamos bien —miró al bebé— ¿ A que si, Alexis? A qué estamos bien...
El niño dormido no contestó, por supuesto, pero Sander no habría podido lucir más sonriente y feliz, que justo en ese instante.
—De acuerdo. Estoy arriba, si me necesitas dame un grito.
Salió de la estancia y Caty respi