— No.— respondió Sandro firmemente.— no tengo evidencias de su culpabilidad.
Valiant asintió, pasándose los dedos por su labio inferior. Un gesto que hacía cada vez que se ponía pensativo.
— Eso no nos ha detenido antes.— intervino Mischa.— por ofensas mucho menores, la mafya quemaría todas sus propiedades, atrasaría con toda su familia y dejaría su cabeza en una plaza pública para sirviera de escarmiento.
Sander sonrió.
Una de las cosas que hacía entrañable al primo de su padre era las solu