Sander caminó hasta la escalera y se fijó en el anciano sabueso acurrucado en el rincón.
Era muy alargado, tenía el pelaje amarillento y una cara feísima. En sus ojos descubrió el reflejo de su propio pasado: era evidente que él pobre animalejo había pasado por mucho dolor y soledad.Tenía el pelo enredado en una maraña deforme y ni siquiera meneaba la cola, la cual descansaba en el suelo.
Definitivamente, era un solitario, pensó, como un niño ya grande en un orfanato, rodeado de bebés precios