Mientras Alessadro daba la vuelta en el coche por la autopista que los llevaría al norte de Palermo, tuvo que luchar para no mostrar su diversión.
A pesar de que Catalina estaba valientemente tratando de mantener su rostro inexpresivo, su disgusto era más que evidente. Obviamente, lo sucedido en París la había dejado enojada.
Si la estaba leyendo de forma correcta,( y él tenía un talento definitivo a la hora de leer a la gente), ella estaba bastante contrariada por como se habían dado las co