POV. VALENTINA
Eran las diez de la mañana cuando las reglas llegaron por escrito. Apenas habían pasado dos horas del famoso recorrido cuando el maldito de marcos ya me las había mandado en papel.
Una hoja de papel sobre la mesa del desayuno, doblada en dos, con mi nombre escrito afuera con una letra que no era de Marcos, ya que lo vi escribiendo ayer y tiene una horrible letra, esta era más controlada, más precisa. Una caligrafía que delataba control absoluto y un pulso que jamás temblaba.
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