—No —respondí, apoyando los hombros contra el marco de la puerta—. Aquel es tu cuarto de ensayo. Tu espacio para estirar las piernas si te aburres de la biblioteca. Este cuarto es exclusivo para nuestras sesiones.
Giró la cabeza despacio, mirándome como si estuviera viendo a un enemigo que acababa de desvelar una estrategia oculta.
—Me dijiste que prepararías un lugar, sí... pero esto es una locura. Tiene hasta un camerino privado. ¿Cuánto tiempo llevas montando este teatro a mis espaldas?
—Dos