81. Conversando con el sirviente
Aelina se sumió en un mar de pensamientos, su mente inquieta girando en torno a las peculiaridades de Valdimir. ¿Por qué el rey no comía otras cosas? ¿Sería por gusto o por necesidad? Estas preguntas se clavaron en su conciencia, despertando una intriga que amenazaba con consumirla.
El silencio de la habitación se vio interrumpido por la voz temblorosa de Erik, que sorprendió a Aelina con una revelación inesperada:
—Hacen postres exclusivamente para usted —dijo de repente, sus ojos fijos en las