80. La reina quiere saber más
El resto del día transcurrió sin novedad aparente, y eso era algo que Aelina agradecía en silencio. La joven reina aprovechó para sumergirse en una larga siesta en su habitación, el único lugar donde se sentía a salvo de las miradas inquisitivas de todos los hombres lobo que habitaban el castillo. Pero luego de dormir varias horas, con los párpados aún pesados por el sueño, Aelina se incorporó lentamente y se dirigió hacia el espejo de la cómoda.
Sus dedos trazaron el contorno del marco mientras