74. Bálsamos y moretones
Mientras Valdimir atendía sus propios "asuntos", Aelina ya había terminado de asearse, envuelta en una toalla suave que acariciaba su piel aún húmeda. El aroma a lavanda y jazmín flotaba en el aire, siendo esos los atisbos de los productos que había comprado el día anterior con Valdimir. Cuando se secó completamente se colocó una bata de seda oscura para cubrir su cuerpo y con tranquilidad caminó hasta la habitación, viendo todo con mayor detalle.
Fue entonces que, sus ojos azulados se abrieron