69. Decidida a cambiar su destino
—¡No! —La exclamación de Aelina resonó en el vacío del tiempo detenido, con su voz cargada de horror y desesperación. Sus ojos, abiertos de par en par, reflejaban el pánico que se apoderaba de ella como una ola oscura y abrumadora—. ¡Ese malnacido, me obligará a tener un hijo suyo! ¡En un año quedaré embarazada de la bestia que destruirá el futuro!
Su cuerpo etéreo temblaba, la luz dorada que la envolvía parpadeando como una llama azotada por el viento. Por un instante, la tentación de fundirse